La Mamografía es el método diagnóstico de elección en el estudio de la mama y el primero en pacientes sintomáticas mayores de 35 años.

Su sensibilidad (capacidad para detectar alteraciones), se estima entre el 74 y el 95% y su especificidad (capacidad para diferenciar benignidad de malignidad), entre el 89 y el 90%.

Las proyecciones básicas de una Mamografía son craneocaudal y oblícua, si bien dependiendo de la necesidad y a criterio médico se pueden realizar otras proyecciones adicionales como las radiografías ampliadas o magnificadas, las proyecciones con compresión localizada y las laterales a 90 grados o también llamadas estrictas.

Actualmente se utiliza ya casi de forma generalizada la Mamografia digital, aumenta la calidad de la imagen y sobre todo es de gran ayuda en las mamás densas. Permite además el almacenamiento de las imágenes y su envío.

El segundo método más utilizado es la Ecografía, requiere sondas de alta frecuencia y el estudio de la mama se realiza con cortes longitudinales y transversales, al ser un método operador dependiente y en tiempo real, el medico debe asegurarse de el rastreo de toda la mama y axila.

La Mamografía es la herramienta fundamental en los cribados (pruebas periódicas en poblaciones para despitaje, detección de cáncer de mama), no así la ecografía, pero es el complemento ideal de la Mamografía,  no solo en la caracterización de lesiones vistas en la Mamografía, si no también en lesiones palpables con una Mamografía negativa, alcanzando de forma conjunta una sensibilidad cercana al 100%.

En pacientes jóvenes menores de 35 años, embarazadas o en periodo de lactancia, la Ecografía es la técnica a realizar inicialmente.

La Ecografía completa el estudio de la Mamografía en mamas densas, ya que en estas situaciones la sensibilidad o capacidad de detectar lesiones en la Mamografía disminuye.

La Ecografía fundamentalmente distingue lesiones quísticas de las sólidas y en estas puede dar información de características benignas o probablemente benignas, donde él seguimiento sería lo indicado.

Además la Ecografía se utiliza como guía de procedimientos intervencionistas, al ser un método fácil, inocuo y al trabajar en tiempo real, el médico debe lograr localizar y biopsiar lesiones que se hayan detectado en las Mamografías o en Resonancia Magnética.

También la Ecografía tiene un papel muy importante en el estadiaje local, detectando nódulos satélites y en el diagnóstico de metástasis ganglionares, muy sensible sobre todo en la axila.

Así pues el uso de la Ecografía conjuntamente con la Mamografía es de gran ayuda sobre todo en pacientes sintomáticas, la Mamografía puede tener cerca del 17% de falsos negativos( no detecta alteración cuando en realidad existe), en pacientes con lesión palpable, sobre todo en mujeres jóvenes, menores de 40 años, donde hay una mayor densidad mamaria, situación que ya hemos comentado anteriormente.

Juntas, las dos técnicas, tienen una valor predictivo negativo (probabilidad de no tener la enfermedad si el resultado de la prueba diagnóstica es negativo), entre el 97 y el 100%, si bien a pesar de esto, la biopsia siempre estará indicada  si clínicamente hay una alta sospecha, aunque las pruebas sean negativas.

Así pues el uso de la Ecografía como complemento de la Mamografía está indicado en la mayoría de los casos, únicamente si la lesión en la Mamografía es claramente benigna, por ejemplo un lipoma o un fibroadenoma calcificado o bien típicamente maligna, la Ecografía no sería diagnostica, pero seguiría siendo muy útil como guía de biopsia y para el estadiaje local y axilar.

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Dra Esmeralda de Lorenzo. Unidad de Mama. Instituto de Medicina EGR.